¿Qué opinan los expertos sobre la jornada continua?

Elena Martín Ortega (Doctora en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Profesora Titular en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid).

“¿Es aconsejable que los alumnos tengan todas las clases de la jornada seguidas, sin un corte de comida y descanso? Hay argumentos claros para contestar que no a estas preguntas. La organización de los tiempos y los ritmos influye siempre en el aprendizaje, pero cuando hablamos de determinadas edades, esto es todavía más importante. Los niños y las niñas de 3 a 11 años necesitan momentos de cambio y ruptura que les permitan descansar y recuperar la atención. Y estos cortes en las actividades lectivas no pueden ser excesivamente breves. La comida es también un elemento necesario. Teniendo en cuenta las horas que pasan entre el desayuno y el momento de la comida, que por desgracia van aumentando sobre todo en zonas donde el desplazamiento al colegio lleva tiempo y en los casos en que los progenitores tienen que irse antes dejando a los niños ya preparados, no es razonable dilatar aún más el horario del comedor. En la mayoría de los sistemas educativos europeos este corte de comida existe, si bien es cierto que no tiene por qué ser tan largo como el que ahora hay en la mayor parte de nuestros centros…”

“Además de estas razones estrechamente ligadas a características básicas del desarrollo, no debemos olvidar otro argumento. En los recreos los alumnos aprenden cosas tan valiosas como en las aulas, como bien saben los profesores. Los espacios de ocio son ámbitos privilegiados para educar en la afectividad, en la interacción social, en las aficiones, en la amistad. Estos recreos deben tener, pues, una duración que permita llevar a cabo juegos y actividades que exigen un mínimo de tiempo. La jornada que puede dar respuesta a estas necesidades no es desde luego la denominada jornada continua. Respetando este equilibrio, se pueden organizar muchos horarios. El problema no es acabar a las cinco o acabar a las tres. El problema es cómo distribuir internamente las actividades para asegurar que estas condiciones se cumplan…”

“Sin duda la polémica tiene más matices de los que en estas líneas se han apuntado y que no es posible recoger en este corto espacio. Pero hay dos que no me resisto a dejar planteados aunque sea como meras preguntas. ¿Podría tener algo que ver en los resultados más favorables que habitualmente obtiene el alumnado de determinadas comunidades autónomas en los estudios de evaluación el hecho de que mantengan una jornada partida, incluso en educación secundaria? Sin pensar por supuesto que éste sea el único factor que explica esta realidad, no deberíamos dejar de valorarlo. Por otra parte, ¿por qué si la jornada continua es tan positiva, la enseñanza privada a la que en muchas ocasiones se asocia, con razón o sin ella, a una educación de calidad no se ha planteado la necesidad de este cambio, y, por el contrario, considera la amplitud y riqueza de su oferta educativa uno de los pilares de sus centros?”

“Acabar antes, ¿para qué?” (Artículo publicado en el periódico El País)

■Rafael Feito Alonso (Doctor en Sociología por la Universidad Complutense)
“… Por un lado, estamos ante un ejemplo de manual de cómo un grupo profesional –en este caso el magisterio– es capaz de imponer sus puntos de vista corporativos. Por otro lado, el proceso ha derivado en muchos centros en enfrentamientos –entre profesores y familias, y entre familias– y en la negación del diálogo. Todo ello es prueba manifiesta de la falta de madurez de nuestra sociedad civil y de la superficialidad de los hábitos democráticos.

El abuso moral de cierto sector del profesorado.

Hay un dato contundente: casi todo el profesorado es partidario de la jornada continua. Todo grupo laboral desea mejorar sus condiciones. El problema se plantea cuando esta mejora profesional puede redundar en un servicio público de menor calidad. Todos los sindicatos, tanto los de clase como los corporativos, son partidarios de la jornada continuada.

En mi experiencia como conferenciante invitado a más de una decena de centros de la Comunidad Autónoma de Madrid he sido testigo del modo en que cierto sector del profesorado ha hecho gala de un claro abuso de autoridad moral. Con esto me refiero a hechos como los siguientes:

* Consultas previas, para sondear a los padres y a las madres, en las que se les pide su opinión –favorable o desfavorable– sobre la jornada continua. En la hoja de consulta se dice que está demostrado que es mejor esta jornada que la partida. En estas condiciones no resulta extraño que en torno al 70% de los padres diga preferir la jornada única.

* En la mayor parte de los centros a los que he acudido me he encontrado con que yo era el único ponente –y hablo de mesas que, en algunos casos estaban constituidas por ocho ponentes– contrario a la generalización de la jornada continua.

* Negación de todo tipo de validez a las escasas investigaciones científicas sobre el tema so pretexto de que el único que sabe sobre la cuestión es el profesional (“la ciencia soy yo”).

Además, en algunas votaciones se han producido abusos como el que se relata en el informe de Fernández Enguita. “En varios centros de Alcalá de Henares, no obstante contar con el apoyo visible de los padres, siguiendo las indicaciones del inefable proyecto-patrón [se refiere al de cierto sindicato corporativo] se realizaron votaciones en las que éstos tenían que firmar la papeleta con su voto, que los alumnos les llevaban y luego traían en mano para entregárselas a los tutores. Ni siquiera el PRI ha tenido que ser objeto de tantos controles, ni a régimen totalitario alguno se le ocurriría la peregrina idea de hacer rubricar el voto” (Fernández Enguita, 2000).

Debe quedar bien claro que la reivindicación de la jornada matinal nada tiene que ver con la innovación educativa. Aparece a partir de ciertos elementos contingentes: centros rurales sin comedor, centros con dobles turnos –especialmente en Secundaria y últimos años de la antigua EGB–, la sequía en Andalucía, obras que aconsejan terminar antes, etcétera (…)

“Tiempos escolares. El debate sobre la jornada escolar continua y partida” (Publicado en Cuadernos de Pedagogía nº365)



■Mariano Fernández Enguita (Catedrático de Sociología de la Universidad de Salamanca y director del Departamento de Sociología y Comunicación en la Universidad de Salamanca. Es autor de numerosos libros y artículos en revistas académicas, y de un informe sobre la jornada continua para la Comunidad de Madrid)
“Yo creo que la mejor jornada para los niños, la que corresponde a lo que biológica y psicológicamente es un niño, es la partida. Es la jornada que responde a sus ritmos naturales: espacios cortos de trabajo, descansos… Además, tiene que ver con lo que sabemos de los biorritmos: las peores horas del día, en términos de rendimiento, son las últimas de la mañana. Lo que ocurre es que ésa no es la única consideración. Para mí, el gran error es que con la enorme diversidad de niños que hay, la enorme diversidad de estructuras familiares y de ofertas paralelas o no a la escuela que hay, se pretenda discutir cuál es la mejor solución para todo el mundo. Eso, si pensamos en los padres. Si pensamos en los profesores, es simplemente una reivindicación sindical, que a mí me parece comprensible, pero ilegítima: no se pueden hacer avanzar las propias reivindicaciones laborales sobre supuestas teorías pedagógicas inexistentes.” (Entrevista publicada en La Nueva España)

“… No hay un solo estudio que concluya que la jornada continua produce mejores resultados en el rendimiento de los escolares que la jornada partida» y añadió que «hay unas cuantas investigaciones que sí demuestran lo contrario aunque no sean suficientes para decantarse por una u otra». No obstante, sí indicó que la jornada matinal aumenta la fatiga de los alumnos… “

“Las intrigas sobre la jornada son un punto negro de la escuela y un baldón de la profesión, dicho en breve. La mayoría de los profesores no tienen ni idea de qué jornada es mejor (excepto para ellos, claro): contradicen la poca evidencia científica que hay, invocan fuentes inexistentes o que no conocen, prometen evaluaciones y revisiones que nunca se harán, ofrecen proyectos que no se cumplen y, lo que es peor, extorsionan lentamente a los padres, y podría presentarte datos sobre esto, de antes y después de aquella investigación, hasta cansarte. Algunos equipos directivos y profesores han abordado el asunto con guante blanco, lo que les honra, pero han sido franca minoría.” (Entrevista publicada en Escuela)

“… El profesor inició su ponencia hablando sobre cronobiología, un apartado en el que afirmó con ayuda de un estudio francés que una de las peores horas es en torno a las 13,40 y agregó que «la hora de después de comer no es peor que la de antes de comer si la ingesta ha sido frugal». Seguidamente, analizó algunas de las afirmaciones extendidas que desde su punto de vista son erróneas en relación con la concentración horaria. «No es verdad que en la mayoría de los países de Europa esté implantada aunque reconoció que allí el periodo de mediodía es más corto y las comidas más ligeras. A continuación, realizó un balance sobre la jornada intensiva en aquellos centros en los que está funcionando (Canarias, Andalucía y Extremadura principalmente). «Los profesores siempre la ven positiva, las familias se adaptan, la mayoría de los investigadores somos desfavorables y los inspectores no han evaluado los resultados en el rendimiento de los escolares», explicó. Además, añadió que las actividades extraescolares desaparecen progresivamente de los centros…” (Diario de Burgos.es – “Enguita: Ningún estudio concluye que la jornada continua sea mejor”)

“… en las comunidades que han llevado la jornada continua “los centros no cumplen el programa de actividades extraescolares, han suprimido los comedores y los niños terminan frente a la televisión, como ocurre en Canarias” . (Las Provincias.es – “Los expertos contradicen a los profesores y rechazan las ventajas de dar clases sólo por la mañana”)

■José Gimeno Sacristán (Catedrático de Didáctica de la Universitat de Valencia)
“No hay ninguna relación entre el tiempo y el rendimiento escolar -señala Gimeno- y si la hay favorece ligeramente, pero de manera significativa y constante, a la jornada partida” (…)

“… Los maestros van a dejar de ser un grupo social de referencia en la medida en qué sólo se preocupan de sus propios intereses” afirma. “Todo el mundo sabe -continua Gimeno- que tras la idea de hacer coincidir la jornada laboral de los maestros con la jornada escolar de los niños, lo único que hay son ventajas laborales para los maestros”.

“Si de lo que se trata es de encontrar mejoras laborales hay otras formas pero, desde luego, no se puede hacer pasar por un debate educativo lo que es un debate corporativo” concluye. La sociedad percibe – según Gimeno- que lo que más preocupa a los docentes es la jubilación anticipada y la reducción de la jornada.” (…)

“Gimeno Sacristán se muestra totalmente contrario al argumento que vincula la jornada continua con la autonomía de cada centro: “Se ha establecido en el discurso público la idea de que el horario del profesorado son las horas lectivas y lo demás es un regalo que hace al centro -afirma Gimeno- cuando la realidad no es así. La sociedad le paga al profesorado por 35 horas de trabajo y en esas cabe todo: horario escolar, extraescolar, etc”. “El argumento de la autonomía de los centros es engañoso -continúa- porque aquí lo que hay que pedir es responsabilidades, más que autonomía. Autonomía para intensificar el trabajo, para organizar más apoyos para introducir innovaciones en la escuela, pero no para irse” afirma Gimeno Sacristán…” (“Ni padres ni maestros han de decidir sobre la jornada” – Entrevista publicada en la Revista ESCUELA)

■José Antonio Caride Gómez y Pablo Ángel Meira Cartea (Profesores del Departamento de Teoría e Historia de la Educación. Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Santiago de Compostela)
“… Ante esta tendencia, extraña que persistan reclamaciones corporativas (y hasta de “clase”) que propugnen la unificación de las modalidades de jornada, horario o calendario. Un claro ejemplo de este comportamiento “anacrónico” en España es la reivindicación de la jornada única de mañana realizada por determinados sectores del profesorado en la enseñanza pública, en sintonía con las demandadas de determinados colectivos sociales. Volviendo a argumentos que hemos reiterado en distintas ocasiones, es preciso aclarar que no existe un modelo de jornada ideal o, si se quiere, que el modelo de jornada ideal es aquel que mejor responde a las necesidades de la comunidad educativa a la que presta sus servicios un centro escolar. La idea previa de que la “jornada única” permite la homologación con Europa es falsa, no sólo porque los datos de Eurydice muestran que hay casi tantas modalidades de jornada como países, e incluso que conviven varias tipologías dentro de un mismo país, sino, y sobre todo, porque la jornada escolar ha de considerar otros factores (climáticos, sociales, culturales, históricos, etc.) que impiden su homologación sin más…” (“Viejos y nuevos tiempos” – Cuadernos de Pedagogía nº349, p.51-52)

■José Antonio Caride Gómez
“Hemos podido constatar que la implantación experimental de la jornada única en determinados centros educativos gallegos no conlleva mejoras relevantes en aspectos sustanciales de la calidad institucional de las escuelas ni en la calidad de la enseñanza; no en la medida en que los profesores expresan su satisfacción por esta jornada, y sus supuestos beneficios para el logro de una escuela cualitativamente mejor. Tampoco en otros aspectos para los que expectativas, motivos y realidades hacen visible la distancia que se establece entre lo que se expresa y lo que realmente ocurre. Por ejemplo: en la utilización del tiempo libre por parte de la infancia, las relaciones familiares, el rendimiento académico, la salud infantil, las oportunidades sociales y educativas de todos los alumnos, etc.; con datos en los que se muestran tendencias que debieran inducir más a la preocupación que a la autocomplacencia derivada de las opiniones mayoritarias» (“El estado de la cuestión” en Cuadernos de Pedagogía, nº 221, p. 68 - Revista de CEAPA Número 74, 2003 (p.23)

■Carme Morán de Castro (Profesora del departamento de Teoría da Educación de la Universidad de Santiago y autora de una tesis en que analiza las jornadas escolares)
“Los estudios realizados desde las áreas de ciencias de la educación, desde la cronobiología o desde la sociología confirman que los resultados académicos no dependen exclusivamente de esta unidad cronológica, y que tampoco se confirma una mayor participación del profesorado en actividades de formación como consecuencia de la modificación de la modalidad de jornada.”

“Expertos niegan que la jornada escolar matutina mejore las condiciones de vida de los alumnos” – La Voz de Galicia.

■Juan Carlos González Faraco (Universidad de Huelva). Durante el último coloquio anual de la AFAE (Association Française des Administrateurs de l’Education), presentó la reforma sobre los ritmos escolares en España:
“… El sistema educativo español pasó de una jornada partida a una jornada continua o concentrada. Podemos considerar esta reforma desde un punto de vista negativo: ritmos de aprendizaje diferentes, falta de comunicación en el seno de los equipos (menos tiempo para la concertación), aumento de las desigualdades (durante el tiempo libre), relaciones padres-equipos pedagógicos más difíciles (inadecuación con los tiempos sociales y familiares)…” (Traducido del francés por Grupo Jornada Escolar)

Temps scolaire, différenciation, individualisation : des échos de l’étranger” de Annie Feyant (publicado en inpr.fr.) INPR – Institut National de Recherche Pédgogique (fragmento del artículo que se refiere a la situación en España).

■ Doctor Gonzalo Pin (Jefe de la Unidad de Sueño de Valencia)
“A primera hora es cuando más alumnos somnolientos hay, y con mayor dificultad de concentración, un estado que mejora al final de la mañana y durante la tarde, lo que puede orientar hacia cómo se debería organizar el calendario escolar”. Pide retrasar una hora la entrada al centro, como ya han hecho en Alemania y EE.UU., y recomienda programar actividades físicas a primera hora para que desaparezca la melatonina, que favorece el sueño, y aparezca la adrenalina.” (“El reloj de los alumnos” (A. Castillo)

■Vicente Díaz Rodríguez (Inspector de Educación)
“… Desde otro punto de vista, las modificaciones del tiempo escolar de los alumnos repercuten, también, en el tiempo escolar de los profesores, en el de las escuelas y en el de las familias. Así es que, llevemos mucho cuidado con las legítimas reivindicaciones de modificar el tiempo de los profesores, si ello implica abordar dudosas y costosas reformas del tiempo de los alumnos, del tiempo de las escuelas y del tiempo de las familias…

… La confusión a la que vengo refiriéndome adquiere matices engañosos cuando el tipo de jornada escolar se quiere asociar al rendimiento de los alumnos. Al respecto, un destacado dirigente del sindicato mayoritario decía recientemente, “no existe en Europa ni en todo el Estado español un solo estudio científico que sitúe la variable de jornada como determinante en el resultado académico” (…) ¿no estaremos sobrevalorando la jornada escolar, cuando, por sí sola, interviene poco en los resultados educativos? Y, si interviene poco en el rendimiento escolar, ¿para qué modificarla?… (“Tres reflexiones a propósito de la jornada escolar” (Artículo publicado en diarioinformación.com - El periódico de la provincia de Alicante)

■Isabel Ridao García y Javier Gil Flores (Profesores del Departamento DOE y MIDE de la Universidad de Sevilla)
“…Al hilo de estas conclusiones, cabe hacer alguna reflexión sobre el rendimiento y los modelos de jornada adoptados en los centros. El mayor rendimiento observado en los centros con jornada partida contrasta con Ias opiniones de los profesores, para quienes el rendimiento se ve favorecido en mayor medida por el modelo de jornada continua. Estudios previos han revelado que el colectivo docente se muestra con claridad a favor de los modelos de jornada continua (Caride, 1992; Sola, 1999), lo que probablemente les lleva a atribuir ventajas a este modelo en todos sus aspectos, incluido el rendimiento escolar. Es posible que estén influyendo en este juicio otras razones perfectamente legítimas, pero más directamente relacionadas con sus intereses y aspiraciones personales y laborales, condiciones de trabajo, etc.

Asumiendo la posibilidad de una percepción subjetiva de los profesores al valorar en qué medida la jornada continua favorece el rendimiento de los alumnos, podríamos considerar, no obstante, otra serie de indicadores de acuerdo con los cuales el modelo de jornada continua merecería mejor valoración que el de jornada partida. Los partidarios de la jornada continua aducen una mayor racionalización del horario del alumno, mayor posibilidad de utilización del tiempo libre, menor número de desplazamientos al centro, instalaciones del centro disponibles para el uso de la comunidad, mayor racionalización en el horario del profesorado, mejora de las relaciones familiares, etc. Todos estos argumentos aparecen en los estudios evaluativos realizados sobre !a jornada escolar, reforzando la valoración positiva del modelo de jornada continua. Pero si consideramos, de acuerdo con las evidencias encontradas en el presente trabajo, que el rendimiento constituye un importante punto débil de la jornada continua, parece necesaria una reflexión sobre qué razones han de pesar más a la hora de elegir o proponer un modelo de jornada…” (“La jornada escolar y el rendimiento de los alumnos” - Revista de Educación nº327 )

■Juan Jiménez Castillo (Doctor en Ciencias de la Educación)
“… Respecto a la segunda, la jornada continua, porque estamos en una comunidad autónoma con unos de los mayores índices de fracaso y de abandono escolar de todo el Estado y, precisamente, en régimen de jornada continua en un 86,5% de los colegios de educación infantil/primaria y en torno al 100% en los institutos de enseñanza secundaria. ¿No hubieran merecido estos dos temas un análisis pormenorizado en el propio Dictamen? Por lo pronto nos quedamos con el sabor agridulce de saber que otras comunidades con una mayor eficacia educativa de sus sistemas escolares aplican la jornada partida incluso en los centros de secundaria. Y como muestra un botón: el País Vasco, donde la ESO en el 95% de los centros se imparte en jornada partida y en Cataluña, donde impera, en el 100% de los centros, la jornada mixta de dos tardes lectivas a la semana. La cuestión del tipo de jornada escolar no es de importancia neutra para el acontecer escolar pues, con independencia de su relación con el fracaso escolar, (véase el estudio del profesor José Antonio Caride en el que muestra que existe entre un 10 y 20% más de fracaso escolar en los centros con este tipo de jornada continua), la existencia de jornada continua o solo de mañanas activa otras consecuencias que el propio Dictamen, en otro orden de cosas, recoge como recomendaciones: por un lado, la referida a cal reorganitzar la dedicació dels professors, para posibilitar asesoría a los padres, reuniones y coordinaciones diversas…, consideración de difícil aplicación o que no podrá llevarse a cabo en condiciones de jornada continua, no en balde, el horario de jornada mixta de dos tardes lectivas a la semana, que aplican en Cataluña, es el que previeron los padres de la LOGSE para una adecuada organización y funcionamiento de la ESO y que, por razones corporativas, no se ha aplicado en la mayoría de las Comunidades Autónomas. Por otro, su significación respecto a una de las preocupaciones del Dictamen, esto es, la tendència cap a la dualització del sistema educatiu. Al contemplar una red de centros concertados que, año tras años, ve aumentada la demanda de plazas escolares y una red pública que observa impertérrita el “trasvase de ciertos sectores sociales de pública a la privada” (R. Feito, 2007). Cabe señalar, aunque resulte reiterativo, que los centros concertados poseen, en una proporción de casi el 100%, una jornada de mañana y tarde y que son muchos los autores que ven en este tipo de jornada partida una de las explicaciones de ese trasvase de sectores sociales hacia los centros concertados…” (“Una ocasión perdida” – Diario de Mallorca.es)

■ Joan Domènech y Jesús Viñas


“… Justamente en este aspecto y en su complejidad se basa la falta de congruencia de muchas de las decisiones que se toman. Esta decisión debería realizarse siempre con el pensamiento centrado en la finalidad educativa de los centros y por tanto respecto a los alumnos y alumnas, y por el contrario se tienen en cuenta las demandas del profesorado respecto a su horario, o necesidades relacionadas con los horarios de padres y madres…” (“La organización del espacio y del tiempo en el centro educativo” (p.81)



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Postura oficial de la CEAPA sobre la jornada escolar:

La jornada escolar continua incrementa las desigualdades.

Los representantes de las asociaciones de padres y madres del alumnado no deseamos la confrontación con el profesorado por culpa de los diferentes criterios que tenemos sobre la jornada escolar. En CEAPA siempre hemos entendido que el bienestar del profesorado y la dignificación de la profesión docente es también el bienestar de nuestros hijos e hijas. Y creemos que familias y profesorado tenemos que trabajar juntos. Reconocemos la legítima aspiración de los profesionales de la educación a una jornada laboral más reducida. No nos oponemos a que el profesorado, en el marco de su negociación colectiva, logre una jornada escolar solo de mañana.

En CEAPA siempre distinguimos entre la jornada laboral del profesorado, la lectiva del alumnado, y el horario de apertura de los centros educativos. Estas tres jornadas no tienen por qué coincidir. De esta manera, el profesorado podría tener una jornada de mañana, el alumnado mantener la de mañana y tarde, y los centros educativos permanecer abiertos durante un periodo más prolongado de tiempo para el aprovechamiento de sus instalaciones y recursos por parte de los escolares y del resto de ciudadanos y ciudadanas.

El problema se suscita cuando un sector del profesorado cree que el camino más corto para alcanzar sus objetivos es modificar también la jornada del alumnado, para que éste tenga sólo clase por la mañana, sin pensar en las consecuencias formativas que esta medida tendrá para los menores. Es ahí donde encuentran la oposición de las federaciones territoriales de AMPAS y de CEAPA. Salvo en casos en los que estaría justificado por encontrarse en zonas rurales de difícil acceso u otras características socioeconómicas particulares, nos oponemos a la jornada escolar continua.

En las comunidades autónomas donde está implantada la jornada continua está decisión ha sido irreversible, en ningún caso ha mejorado el rendimiento escolar del alumnado, no se han cumplido los compromisos que se adquirieron para su establecimiento (van desapareciendo comedores, el transporte se reduce limitando la participación en actividades extraescolares, se cierran los centros por las tardes…), y la situación de los niños y niñas con más necesidades educativas y sociales empeora.

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La jornada continua tiene más inconvenientes: las clases son más cortas, por lo que el profesorado dispone de menos tiempo para impartir su materia; la falta de tiempo obliga a éste a encargar más deberes al alumnado, y hay muchos padres que no pueden ayudar a sus hijos con los estudios, porque no tienen la formación adecuada; muchas familias se ven impulsadas a acudir a clases particulares, mientras que otras no pueden afrontarlas económicamente. Este tipo de jornada agranda las desigualdades sociales.

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Por todo ello, consideramos que la jornada continua no contribuye en absoluto a combatir el fracaso escolar, supone un recorte en el derecho a la educación de los niños y niñas, y un retroceso para la educación pública. Este tipo de jornada es un obstáculo para eliminar las desigualdades sociales. Es cierto que en muchos centros educativos los padres han votado por el cambio de horario, muchas veces desinformados sobre sus consecuencias pedagógicas, con información facilitada por el profesorado, que tiene una mayor capacidad de influencia y medios que las organizaciones de padres y madres. El profesorado hace creer a las familias que la jornada continua puede mejorar la educación de los niños y les presenta proyectos incompletos, con información que no se puede contrastar, no avisan de los inconvenientes de este modelo para los alumnos, ni de la postura de los expertos o de las confederaciones y federaciones de AMPAS. Y mientras las familias creen estar hablando de un tema educativo, en realidad los docentes están defendiendo una mejora de sus condiciones laborales.

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Es un error que la Administración delegue en las familias la responsabilidad de decidir el horario laboral de los maestros de sus hijos. Por esta razón cada curso hay tantos enfrentamientos en las escuelas. Y muchas familias quieren evitar la confrontación con el profesorado.

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Creemos que los sindicatos deberían combinar la protección de los intereses del profesorado con la defensa firme y contundente de un servicio educativo público y de calidad. Nos tememos que forzando a que el alumnado tenga jornada escolar continua algunos representantes sindicales están tirando piedras contra su propio tejado, contra nuestro tejado, que es el mismo, el de la escuela pública; están fortaleciendo a la escuela concertada, que mayoritariamente disfruta de jornada partida, y a la que huirán muchas familias que temen un recorte en la calidad de la educación y dificultades para conciliar su vida laboral y familiar.

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La mejora de las condiciones laborales de los trabajadores, planteadas desde la racionalidad, la oportunidad y la pertinencia, son coherentes con la mejora del servicio educativo público. Pero, y parafraseando un texto recientemente publicado por Afilalapiz (un colectivo de profesores por la innovación pedagógica), estos sindicatos deberían «trabajar para que la sociedad no tenga razones para identificar sus propuestas sindicales como planteamientos para la desidia profesional, como la vía para alcanzar privilegios, la obtención de posiciones de dominio o cualquier otra clase de logros que desnaturalizan y modifican de hecho los valores que deben informar un servicio público».

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Jesús María Sánchez Herrero, Presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos.

¿De verdad es buena la jornada continua para nuestros hijos?

Ante el debate, a propósito de la jornada continua en las escuelas, frente al actual horario de mañana y tarde en los centros de infantil y primaria, siempre preocupados por la mejora de la educación, queremos aportar también nuestra opinión.

De entrada, como trabajadores en activo que somos la mayoría de los padres y madres, entendemos y damos apoyo a esa reivindicación. Pensamos, sin embargo, que hay que distinguir necesariamente dos cuestiones diferentes: el horario de los profesores y el horario del alumnado. Como tantos otros servicios públicos y también muchas actividades privadas, la jornada continua de sus trabajadores no supone que el horario de prestación del servicio o de la actividad sea el mismo. Sin salir de la enseñanza, ya hace muchos años que los institutos de secundaria tienen una jornada para el alumnado que no es la de los profesores.

Y no hace falta argumentar que en primaria es diferente porque el alumnado debe estar siempre con su tutor. Examinando el currículo de primaria, se observa que, de las 25 horas semanales de docencia que tienen los alumnos, casi la mitad son con profesores diferentes de su tutor, bien con especialistas (música, educación física, lenguas extranjeras) bien con otros (lengua oficial diferente de la del curso, plástica a veces, informática, etc.). Por tanto, el alumnado pasa bastante horas sin su tutor y permiten estructurar los horarios de manera que cada profesor tenga jornada continua, o acumulada en unos días dejándole libres otros, sin que por eso los alumnos deban ver variada su actual permanencia en la escuela.

Primero, para evitar que la fatiga de muchas horas seguidas disminuya su rendimiento. Todos los que estamos en el mundo de la educación sabemos que una cuarta o quinta hora seguida de docencia encuentra al alumnado cansado, inquieto, nervioso e incapaz de mantener la atención, la concentración y el esfuerzo necesario para seguir correctamente la clase. Y si eso pasa con los ya adolescentes, mucho peor -por no decir imposible- será evitarlo para los más pequeños. Ciertamente, también puede pasar eso a las horas de la tarde, pero no es la mismo una hora y media o dos, después de tres horas sin clase, que hacerlo acto seguido a tres horas anteriores de docencia y esfuerzo.

Segundo, porque los resultados constatados donde se ha implantado para los alumnos la jornada continua muestran una caída de entre el 10 y el 20%, según el Caride, de su rendimiento académico. Si eso ya es bastante para rechazarla, como padres y madres nos preocupan, todavía más, las otras dimensiones del desarrollo personal, emocional y social de los menores, que insoslayablemente necesitan de un tiempo con su entorno personal.

Tercero, porque más allá de un lugar de transmisión de conocimientos la escuela también es un lugar natural de socialización de los niños y niñas, de adquisición de pautas, habilidades y valores personales para con los que no cuentan actualmente con espacios alternativos. Ni el barrio, ni la calle ni un entorno familiar amplio -con primos y gente de su edad- son hoy realidades que puedan sustituir al colegio, como hemos tenido la suerte los que somos de generaciones anteriores. Si los horarios de permanencia en el colegio sólo contemplan un descanso de 20 minutos, con algún otro de 15 ó 10 minutos, a lo largo de todo la mañana, los niños no tienen la oportunidad de hacer amigos, aprender y practicar juegos de una cierta duración, convivir y llevar adelante hábitos y normas de conducta, asumir sus reglas y todos los valores educativos que se asimilan a través del juego, y ni tan siquiera de gozar diariamente de un entorno de esparcimiento con gente de su edad y sin la presión del tiempo que se acaba. Basta comprobar, en todas las encuestas, cómo pasan los escolares pequeños la mayoría de su tiempo libre fuera del colegio: TV, videoconsolas y ordenador. Actividades estrictamente individuales y, actualmente, nada formativas.

Cuarto, porque aunque se argumente que el final de la jornada escolar no supondría el cierre del centro, todos sabemos que actividades ahora ordinarias a todos los colegios, como la de comedor, las extraescolares vespertinas, etc. se verían mucho reducidas cuando no directamente suprimidas. ¿Va a mantenerse abierto el centro y con el personal apropiado para esas actividades? ¿Quien lo pagaría? ¿Se reforzaría la política de becas o más bien se provocaría que las familias recogieran a los niños y niñas solo acabar las clases y así ahorrar todo ese esfuerzo y ese dinero? Basta comprobar cuantos institutos tienen hoy, con la jornada continua del alumnado, servicio de comedor o actividades escolares de tarde. En cambio, con la jornada partida, los padres y madres sabemos muy bien que, son nuestros hijos e hijas, los que nos piden quedarse a comer al colegio o a las actividades de tarde, y que no les supone ningún tropiezo estar al colegio 9 o 10 horas al día, porque saben que la mitad de ellas son para jugar o hacer actividades que ellos mismos quieren seguir. Manteniendo el horario actual, las administraciones deben atender las reivindicaciones de las familias para instalar y mantener esas actividades, garantizando, con el oportuno sistema de becas de comedor, extraescolares financiadas por los ayuntamientos, etc. que también el alumnado con carencias económicas pueda tener acceso a ellas. El resultado es que todos los alumnos pueden contar con horas en el centro, rodeados por los de su edad, para terminar su proceso de socialización, para hacer actividades complementarias y extraescolares que desarrollan habilidades y aptitudes que la enseñanza reglada no siempre puede atender ni fomentar (teatro, deportes, artísticas...). Son horas para garantizar su intercambio afectivo y emocional, sus conocimientos e inquietudes, sus dudas y certezas, con sus iguales y no, como en casa -y si tienen la suerte de que los padres estén- únicamente con adultos.

Quinto, justamente debido a las condiciones actuales de la sociedad, contemplamos la escolarización como elemento principal e insustituible para el desarrollo integral de los menores, encontramos que recortar su permanencia en el centro, eliminando las horas libres que ahora aprovechan para su crecimiento personal -complementario y reforzador de la formación académica- solo provocará que las carencias e incluso las patologías asociadas al aislamiento y a una defectuosa integración social que, actualmente, crecen de manera alarmante entre los menores, sean una característica inseparable de las futuras generaciones.

Por todo eso, o la sociedad en su conjunto cambia las actuales estructuras de horarios de las familias, de uso del tiempo libre de los niños y niñas, de lugares y actividades con las que puedan suplir la que ahora les facilita la escuela, o nos enfrentamos a un panorama donde por atender una justa reivindicación laboral de los profesores podemos destrozar definitivamente no solo la formación académica, sino todo el futuro personal de los menores y, al final, de la propia sociedad del mañana.

Ni como APAS, ni como padres y madres responsables de nuestros hijos e hijas, ni como ciudadanos preocupados por nuestra sociedad, podemos aceptar pasivamente este riesgo sin pedir una racional reflexión de todos los implicados en la escuela, la educación y la formación integral de la infancia y la juventud.

Jornada continua: cuando unos docentes comprometen la educación y el futuro de los niños

28 abril 2011
por Grupo Jornada Escolar
El futuro de un niño depende de la educación y de la formación que recibe. Los estudios no solamente le permitirán adquirir conocimientos y tener más oportunidades para encontrar un trabajo cuando sea mayor, sino que, además, le enseñarán a pensar racionalmente, a manejar e interpretar la información, a ser un adulto con pensamiento crítico.
El abandono escolar en España se sitúa en un 31,2%, por encima del doble de la media de la Unión Europea. Para mejorar la Educación, una parte del profesorado propone implantar la jornada continua en las escuelas, pero la verdad es que cambiando el horario de entrada y de salida en los centros, no mejorarán los métodos de enseñanza, ni los métodos de aprendizaje, ni la atención a los alumnos con dificultades.
Andalucía implantó la jornada continua hace más de 25 años y esta semana en el Diario de Sevilla podemos leer que Sólo tres de cada diez institutos se salvan del fracaso educativo: “Los inspectores achacan los malos resultados al bajo nivel que arrastran los alumnos desde Primaria y que se evidencia cuando llegan a Secundaria.”
Por lo tanto, resulta indecente seguir afirmando que la jornada continua es una mejora pedagógica, una medida para combatir el fracaso escolar, y aconsejar a los padres de votar a favor del cambio de horario porque mejoraría el aprendizaje de sus hijos. La verdad es que no existen razones educativas para someter a unos menores de 3 a 11 años a un horario escolar intensivo. La jornada continua sólo es una reivindicación del profesorado para mejorar las condiciones de trabajo: la jornada laboral del profesorado está supeditada a la jornada escolar de sus alumnos y cuando los padres votan a favor o en contra del cambio de horario, en realidad están aprobando o denegando una mejora de las condiciones laborales a los maestros de sus hijos. Por esta razón, el profesorado y sus sindicatos en Aragón, Cataluña y la Comunitat Valenciana reivindican la libre elección de la jornada escolar en las escuelas.
En Andalucía, aunque las familias quisiesen volver a la jornada partida sería imposible porque la Consejería aceptó blindar la jornada continua del profesorado:
El otro punto que se ha tratado en la negociación es la eliminación de la obligatoriedad de abrir los colegios dos tardes a la semana, consolidando así, por decreto, la jornada continua del profesorado. Ahora más del 90% de los centros escolares andaluces tiene implantada la jornada continua por la mañana. Apenas hay horarios partidos de mañana y tarde. Sin embargo, esa situación estaba a expensas de las decisiones del consejo escolar. Si los padres votaban por unanimidad que preferían una jornada partida para sus hijos, los profesores debían aceptarlo. La consejería ha aceptado blindar el horario continuo.
Fuente: El CorreoWeb.es
Una cosa es que se implante la jornada continua porque así lo decidió libremente la comunidad educativa después de recibir información veraz, contrastable y conocer todos los inconvenientes de este horario para la educación de los niños, y otra bien distinta es lo que está pasando en las escuelas en este país: la información que los docentes facilitan a las familias es engañosa, los proyectos que elabora el profesorado contienen falsedades, afirmaciones que no se demuestran y omiten la opinión de los expertos y de las Federaciones de AMPAs que advierten de los inconvenientes de este modelo para la educación de los menores: los niños con jornada continua tienen más deberes y, por lo tanto, necesitan más ayuda extraescolar, se perjudica a los menores que no reciben esta ayuda, en particular a los niños que ya tienen dificultades de aprendizaje y a los más desfavorecidos, etc… Pero lo peor es que en muchas escuelas el profesorado niega el debate a las familias, las coacciona o presiona para que voten a favor de la jornada continua. Esta falta de ética profesional de una parte del profesorado provoca cada año numerosos enfrentamientos, dañando irreversiblemente las relaciones entre las familias y las escuelas.
Los padres de alumnos no cuestionan el derecho del profesorado a reivindicar mejoras laborales, pero lo que no se puede hacer es faltar a la verdad y abusar de la confianza de las familias para conseguir estas mejoras. Y lo más grave es que estos profesionales están comprometiendo la educación y el futuro de unos niños y, en definitiva, con el futuro de todo el país.

La triste verdad sobre la jornada escolar continua

4 mayo 2011
por Grupo Jornada Escolar
Bajan los sueldos de los funcionarios, se recortan los presupuestos en Educación y Sanidad, se despiden a docentes y se cierran quirófanos, hay 5 millones de parados, el paro juvenil llega al 43%, un 20 % de la población está por debajo del umbral de la pobreza…
Los eurodiputados se niegan a viajar en clase turista, Telefónica celebra su récord de beneficios con un bonus de 450 millones para los directivos y 200 millones para despedir a 5.600 trabajadores, los responsables de cajas de ahorro y los altos ejecutivos del Ibex se suben el sueldo…
Y mientras tanto, nuestra sociedad está dormida, no reacciona, no actúa, no se moviliza.
Poco pueden hacer los padres de alumnos contra los recortes presupuestarios pero, en Educación, hay un problema del que nadie quiere hablar pero que existe, que afecta directamente al futuro de los niños y al futuro de este país, y donde las familias sí pueden hacer alguna cosa. En este blog hemos demostrado en varias ocasiones que, en España, una parte del profesorado falta a la verdad, manipula la información y coacciona a los padres de sus alumnos para implantar la jornada continua en los centros educativos. Si la jornada continua fuese mejor para los niños que la jornada partida, simplemente, sería suficiente con decir la verdad.
Lo cierto es que si la jornada laboral del profesorado no estuviese supeditada a la jornada escolar de sus alumnos, posiblemente a nadie se le ocurriría someter a unos menores de 3 a 11 años a un horario intensivo, cuando existe la posibilidad de repartir el horario lectivo en dos sesiones, con dos descansos en vez de uno. Además, ningún pediatra, ningún médico, ningún experto recomienda la jornada continua para unos menores de edad.
En Andalucía, la jornada continua se implantó en 1986:
Más de 160 colegios andaluces experimentarán un nuevo modelo de horario y jornada escolar y pasarán de 33 a 28 horas lectivas semanales, lo que permitirá el establecimiento de la jornada continua cuando el Consejo Escolar así lo decida.
Fuente: ABC.es
Veinticinco años más tarde, Andalucía y todas las demás comunidades autónomas pioneras en implantar la jornada continua que se presentaron a la evaluación del informe PISA 2009, fueron las únicas que obtuvieron resultados por debajo de la media española y la de los países de la OCDE. Pueden comprobarlo en este gráfico.

Esta semana en la prensa podemos leer:
-¿Qué nos desvela la letra pequeña de las pruebas PISA que se hacen a los alumnos?
-Establece en comprensión lectora de los niños un nivel entre el 1 y el 6. El 1 equivale a exclusión social y el 6 es la excelencia. Pues el 42% de los alumnos andaluces están en el 1 o en el 2. Es un dato aterrador, porque no hay cultura sin capacidad de lectura. En ese contexto, el niño con talento de una familia acomodada, acaba abriéndose paso por sí solo, con másters y otros recursos que pueden pagar. Pero la excelencia del niño con talento de familia pobre hay que trabajarla. Esa es la democratización que falta en el sistema educativo.
Fuente: El Diario de Sevilla
Muchos factores influyen en el fracaso y el abandono escolar pero, lo siento mucho, resulta indecente que ciertos docentes sigan afirmando, sin jamás demostrarlo, que la jornada continua mejora el rendimiento de los alumnos y sigan proponiendo el cambio de horario como medida para luchar contra el fracaso escolar. Estos docentes tienen una responsabilidad y lo que no pueden hacer es manipular la información e inducir a error a las familias para implantar un horario que por sí solo no mejora la educación: cambiando la hora de entrada y de salida en los centros educativos, no mejoran los métodos de enseñanza, ni los métodos de aprendizaje, ni la atención a los alumnos con dificultades, ni la comprensión lectora o el razonamiento matemático de los niños.
Una parte del profesorado está comprometiendo la educación y el futuro de los menores, porque sin estudios, sin formación, sin cualificación es difícil que un trabajador pueda competir para conseguir un empleo. La tasa española de paro juvenil es del 42,80%,
Pero si el problema es grave desde una perspectiva nacional, alcanza tintes dramáticos en Andalucía, donde la tasa de paro entre los jóvenes de entre 16 y 25 años llega al 49,57%, casi siete puntos por encima del promedio nacional, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondientes al cuarto trimestre de 2010.
Fuente: ABC de Sevilla.es
Según el estudio “Panorama de la Educación” de la OCDE, tanto en España como en el resto de países, la tasa de desempleo disminuye según aumenta el nivel educativo. (Fuente: RTVE.es )
La jornada continua genera cada año muchos enfrentamientos innecesarios en las escuelas cuando los padres no se dejan convencer de votar a favor del cambio de horario. El proceso deteriora irreversiblemente las relaciones entre las familias y las escuelas, y lo que la Escuela Pública no necesita es que las familias pierdan confianza en el profesorado.


Las familias no quieren elegir la jornada escolar, no quieren que la Administración delegue en ellos la responsabilidad de decidir el horario laboral del profesorado, no quieren enfrentarse a los maestros de sus hijos por preferir la jornada partida, no quieren que se implante un horario que no mejora la educación de los menores y perjudica a muchos niños, sobre todo a los que tienen dificultades de aprendizaje y a los menos favorecidos.
Hay una cosa que pueden hacer los padres de alumnos para intentar detener el desastre que está provocando el proceso de cambio de horario en las escuelas de este país: difundir la información para que se conozca la triste verdad sobre la jornada continua. Luego, todo dependerá de la ética personal y profesional de los docentes que reivindican la jornada continua en las escuelas. Si el profesorado y las familias reaccionan, tal vez pueda solucionarse uno de los problemas de la Educación en este país.

Lo que el sindicato de enseñanza ANPE no dice sobre la jornada continua

25 abril 2011
por Grupo Jornada Escolar
En un artículo publicado en Radio Huesca, Carmen Guaita, secretaria estatal de Comunicación de ANPE, “incide en que se pide el derecho a elegir en cada centro educativo el tipo de jornada escolar. Apunta que debe ser cada comunidad educativa la que decida.”
Lo que no explica la Sra. Guaita es que en las demás comunidades autónomas, las familias preferirían no tener que elegir la jornada escolar porque no quieren decidir la jornada laboral de los maestros de sus hijos: el proceso de cambio de horario provoca cada año numerosos enfrentamientos innecesarios en las comunidades educativas porque la verdad es que no existen razones educativas para implantar la jornada continua, sólo es una reivindicación del profesorado para mejorar las condiciones laborales.
Cuando el sindicato ANPE consiguió implantar la jornada continua en la mayoría de las escuelas de la Región de Murcia, habló de “una conquista que mejora las condiciones laborales de los maestros”, pero no dijo nada de una mejora de la educación para los niños:
“ANPE ha promovido y apoyado la consolidación de la implantación del Modelo de Jornada Continua en la Región de Murcia. Con gran esfuerzo de toda la comunidad escolar y a pesar de las dificultades se ha conseguido llevar a cabo una conquista que mejora las condiciones de trabajo de los Maestros de la Región de Murcia.”
Fuente: ANPE
Y así lo explica un maestro de la Región de Murcia:
Con la Jor¬nada Continua se ofrece a los trabajado¬res de la enseñanza primaria, la oportunidad de acceder a una jornada laboral, casi equi¬parable a la del resto de los trabaja¬dores de la enseñanza (Secundaria y Universidad ), oportunidad, por otra parte, que no nos viene dada por capricho de nadie, sino por la presión que sindicatos y trabajado¬res en general, vienen ejerciendo a la administración y que no admitía mas demora. Se sigue trabajando la misma cantidad de horas con los mismos programas, solo varía la franja horaria, a mi modo de ver, queda cerrada con este planteamiento, la polémica que nos ha traído de calle durante todo el proceso. ¡Pues claro que es una reivindicación laboral! ¡y a mucha honra!”
Fuente: “Educar en el 2000″ - La jornada continua en El Palmar
Por lo tanto, cuando en un centro las familias votan a favor o en contra del cambio de horario, en realidad están aprobando o denegando una mejora de las condiciones laborales a los maestros de sus hijos.
El problema es que todo indica que la jornada escolar más adecuada para los niños, no es la jornada laboral que le gustaría tener al profesorado. Ya lo dijeron unos docentes hace más de veinte años:
Padres y profesores coinciden en que deben primar los intereses del alumno y que “una cosa es la jornada escolar del alumno y otra distinta las jornadas laborales de los profesores y de los padres”. Los docentes responden, sin embargo, que es también evidente que la jornada más adecuada para los alumnos “puede que no sea la que más interese al profesor…”
Fuente: Hemeroteca ABC : “Se mantiene la polémica entre padres y profesores sobre la jornada continuada” (16/10/90)
Además, todas las comunidades autónomas pioneras en implantar la jornada continua registran actualmente un elevado porcentaje de fracaso escolar y fueron las únicas que obtuvieron resultados por debajo de la media española y la de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en la última evaluación del informe PISA. Pueden comprobarlo en este gráfico. Por lo tanto, todo indica que la jornada continua no mejora el aprendizaje y el rendimiento académico de los alumnos.
Laura Alins, presidenta de ANPE Huesca, añade que “esta cuestión no puede eludirse del debate por más tiempo (frente a lo que están haciendo Aragón, Cataluña y Valencia, únicos territorios en donde no se puede elegir el tipo de jornada).”
Lo que no explica la Sra. Alins, es que en las demás comunidades autónomas las familias no eligen libremente la jornada escolar porque cuando un centro vota en contra de la implantación de la jornada continua, el profesorado no respeta esta decisión y vuelve a presentar la propuesta año tras año, hasta que las familias, cansadas de tantos enfrentamientos, acaben por aprobar el cambio de horario. Tampoco explica que hay equipos directivos que no respetan las decisiones adoptadas democráticamente en un Consejo Escolar, como en el caso de la escuela de Socovos que decidió volver a la jornada partida después de experimentar unos meses la jornada continua: el profesorado no conforme con esta decisión, enfrentó a las familias de su comunidad educativas y las animó a presionar a sus representantes para que cambiaran su voto en el Consejo Escolar. Pueden leerlo en este enlace.
Finalmente, desde ANPE “se incide en que el grado de satisfacción que provoca la jornada continua es muy alto entre profesores, padres y alumnos; es la conclusión que se extrae de aquellos territorios en los que se practica.”
Lo que no explican desde ANPE es que el profesorado siendo parte interesada y teniendo un interés personal en que se mantenga la jornada continua, es quien realiza las evaluaciones para determinar el supuesto “grado de satisfacción” de las Comunidades Educativas. Estas evaluaciones se basan en una serie de indicadores pero resulta que ninguno de ellos es medible objetivamente y, por tanto, los resultados no son rigurosos ni fiables. Además, los cuestionarios no son anónimos: aunque exista la opción de no mencionar los datos personales en la hoja, el anonimato se pierde en el momento en que el alumno entrega el cuestionario de sus padres a su maestro.
Las familias no quieren elegir la jornada escolar porque no quieren discutirse con los maestros de sus hijos y mucho menos por un tema laboral. En Aragón, Cataluña y Comunidad Valenciana, las Administraciones coinciden con los expertos y las Federaciones de AMPAs que consideran la jornada partida más adecuada para la educación y el aprendizaje de los niños y, acertadamente, no delegan en unas familias inexpertas la responsabilidad de decidir la jornada laboral del profesorado.

Lo que no dicen los Directores que proponen la jornada intensiva en Cataluña para superar el fracaso escolar

8 abril 2011
por Grupo Jornada Escolar
Una de las medidas que proponen los Directores de Secundaria en Cataluña para combatir el fracaso escolar es implantar la jornada intensiva :
Los alumnos rendirían más si las clases se concentrasen en el horario de mañana, mediante la jornada intensiva –clases hasta las 15 horas–. Por la tarde recomiendan clases de refuerzo y actividades extraescolares. Hoy en día, los alumnos alargan su jornada hasta las 19 horas o incluso más precisamente por estas actividades extra. En este sentido, dicen, el Departament debería garantizar clases de refuerzo por la tarde, fuera del horario lectivo, y extenderlas más allá del final del curso para ayudar a los alumnos con dificultades.
Fuente: La Vanguardia.es
Lo que no dicen los Directores de Secundaria es que la jornada continua es una reivindicación del profesorado y de sus sindicatos para mejorar las condiciones laborales: si los institutos implantan la jornada continua, el profesorado consigue la jornada laboral continua, puede disfrutar de las tardes libres y conciliar su vida familiar y laboral. Y no lo decimos nosotros sino uno de sus sindicatos en el documento “La verdad sobre la jornada continua” donde explica cómo el profesorado consiguió implantarla en Albacete. También lo explican docentes y sindicatos en este enlace.
Lo que tampoco dicen es que no existe ningún estudio científico que concluya que la jornada intensiva mejora el rendimiento de los alumnos:
Mariano Fernández Enguita (Catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid):
No hay un solo estudio que concluya que la jornada continua produce mejores resultados en el rendimiento de los escolares que la jornada partida” y añadió que “hay unas cuantas investigaciones que sí demuestran lo contrario aunque no sean suficientes para decantarse por una u otra”. No obstante, sí indicó que la jornada matinal aumenta la fatiga de los alumnos…”



Fuente: Diario de Burgos
José Gimeno Sacristán (Catedrático de Didáctica de la Universitat de Valencia):
No hay ninguna relación entre el tiempo y el rendimiento escolar -señala Gimeno- y si la hay favorece ligeramente, pero de manera significativa y constante, a la jornada partida”. Esta afirmación la avalan los datos originales de un estudio realizado por este catedrático con una muestra de 2.000 alumnos de las comunidades autónomas de Andalucía, Madrid, Comunitat Valenciana y Galicia.
Fuente: Escuela
En este enlace encontrarán más opiniones sobre el rendimiento.
Los Directores no explican que la jornada intensiva genera desigualdades ante la educación: para reducir el fracaso escolar proponen que los alumnos asistan a clases de refuerzo fuera de las horas lectivas, unas clases que tienen un coste y que la Administración, con los recortes actuales, no podrá asumir. Por lo tanto, sólo los menores cuyos padres disponen de recursos económicos suficientes podrán acceder a estas clases de refuerzo y se discriminará a los alumnos menos favorecidos, sobre todo a los que tienen dificultades. Además, en vez de invertir un presupuesto en clases de refuerzo fuera del horario lectivo, sería más productivo invertirlo dentro del horario lectivo para mejorar la calidad del trabajo en las aulas, por ejemplo, contratando a más profesores para hacer desdoblamientos.
Los Directores tampoco dicen que una vez implantada la jornada continua, si la Administración decidiera volver a la jornada partida, los docentes y sus sindicatos se opondrían como ocurrió en 2008 en Canarias. Y no se opusieron para defender los intereses de los niños, la calidad de la educación o el rendimiento de sus alumnos, porque la verdad es que ni siquiera mencionaron a los menores:
La gran medida es hacer trabajar al profesorado mañana y tarde.
El gobierno solo entiende la mejora del sistema educativo castigando al profesorado y empeorando sus condiciones de trabajo.
¿Aceptarían trabajar con jornada partida el resto de los funcionarios, en Presidencia, Justicia, Hacienda, Empleo, Medio Ambiente, etc.? Evidentemente no. Para UCPL es inaceptable cualquier modificación del régimen de jornada partida del profesorado en cualquiera de sus etapas.
Fuente: UCPL “Peligra la jornada continua”
Los Directores tampoco explican que los expertos, la CEAPA y las Federaciones de AMPAs advierten de los inconvenientes de la jornada continua y no la recomiendan para la educación de los menores:


En las comunidades autónomas donde está implantada la jornada continua está decisión ha sido irreversible, en ningún caso ha mejorado el rendimiento escolar del alumnado, no se han cumplido los compromisos que se adquirieron para su establecimiento (van desapareciendo comedores, el transporte se reduce limitando la participación en actividades extraescolares, se cierran los centros por las tardes…), y la situación de los niños y niñas con más necesidades educativas y sociales empeora.
La jornada continua tiene más inconvenientes: las clases son más cortas, por lo que el profesorado dispone de menos tiempo para impartir su materia; la falta de tiempo obliga a éste a encargar más deberes al alumnado, y hay muchos padres que no pueden ayudar a sus hijos con los estudios, porque no tienen la formación adecuada; muchas familias se ven impulsadas a acudir a clases particulares, mientras que otras no pueden afrontarlas económicamente. Este tipo de jornada agranda las desigualdades sociales.
Por todo ello, consideramos que la jornada continua no contribuye en absoluto a combatir el fracaso escolar, supone un recorte en el derecho a la educación de los niños y niñas, y un retroceso para la educación pública. Este tipo de jornada es un obstáculo para eliminar las desigualdades sociales.
Jesús María Sánchez Herrero, Presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA)

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